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El desafío verde de la revolución urbana
Diversidad y Sostenibilidad-24/10/24

El desafío verde de la revolución urbana

Las ciudades están evolucionando rápidamente, pero generan el 70% de las emisiones globales. Con tecnologías inteligentes como la IA y el IoT, el camino hacia la sostenibilidad es posible. La cooperación global y la innovación ética son clave para lograr verdaderos centros urbanos verdes.
By United TeXperience Staff
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El crecimiento acelerado de las ciudades ha traído consigo un aumento significativo en las emisiones de carbono. Según datos del Banco Mundial, las áreas urbanas son responsables de aproximadamente el 70% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero.

En las ciudades también se utiliza el 75% de la energía mundial, se genera el 50% de los residuos globales y se consume aproximadamente el 75% de los recursos naturales de nuestro planeta.

Este fenómeno se debe a la concentración de actividades industriales, el transporte masivo y la alta demanda energética en los entornos urbanos.

Conscientes de esa realidad, muchas ciudades del mundo están recurriendo a la tecnología con la finalidad de transformar la estructura de sus servicios y convertirse en lugares más sostenibles y respetuosos del medio ambiente.

Herramientas como la inteligencia artificial (IA), Internet de las Cosas (IoT) y las redes de sensores, les permiten gestionar eficientemente el consumo de energía, el tráfico, la gestión de residuos y el suministro de agua, entre muchos otros servicios.

Un informe de Grand View Research proyecta que el mercado global de ciudades inteligentes alcanzará un valor de 3.728 millones de dólares para 2030, y que la tasa de crecimiento anual hasta 2030 será de 25,8 %.

“La creciente urbanización, la necesidad de una gestión eficiente de la utilización de recursos, Las preocupaciones por la seguridad y la creciente demanda de un entorno con un uso eficiente de la energía, son los principales factores impulsores del crecimiento del mercado”, señala el informe.

Por su parte, un estudio de Juniper Research estima que una ciudad inteligente puede achicar los costos de administración de servicios urbanos en un 30%, gracias a la automatización y la digitalización, lo que convierte a estas iniciativas en una inversión a largo plazo no solo en términos ambientales, sino también económicos.

Las metrópolis toman la delantera

El cambio ya está ocurriendo: algunas ciudades están liderando el camino hacia un futuro más sostenible, aprovechando las tecnologías inteligentes que ofrece el mercado.

En Pekín, por ejemplo, se incorporaron sensores que monitorean la calidad del aire e informan a los ciudadanos a través de plataformas públicas y aplicaciones móviles, para que puedan ajustar sus actividades diarias de acuerdo al nivel de polución.

En Qingdao, otra ciudad de China, crearon una zona piloto de carbono cero conformada por edificios de energía ultra baja a gran escala, con lo que esperan ahorrar 45.000 toneladas de emisiones de carbono al año.

Singapur se ha posicionado como una ciudad líder en materia de sostenibilidad. Con su sistema inteligente de transporte público, reduce la dependencia de vehículos mediante el uso de datos en tiempo real para optimizar rutas y horarios. Y también ha impulsado la construcción de edificios ecológicos equipados con tecnologías que minimizan el consumo energético y el uso de recursos.

Copenhague, la capital de Dinamarca, adoptó un sistema de bicicletas compartidas integrado con transporte público eléctrico con el objetivo de ser neutral en carbono para 2025. Ámsterdam (Países Bajos) cuenta con una iniciativa similar, junto con un sistema de iluminación pública que ajusta el brillo según la presencia de peatones.

Barcelona, por su parte, ha desarrollado una red de sensores para gestionar de manera eficiente la energía, el tráfico y los residuos, lo que ha reducido significativamente su huella de carbono.

En la misma línea, San Francisco, en Estados Unidos, ha implementado un sistema de gestión de residuos inteligente que utiliza sensores para monitorear la capacidad de los contenedores de basura y reciclaje, optimizando así las rutas de recolección y reduciendo las emisiones de los camiones.

Estos son solo algunos de los ejemplos de ciudades que utilizan la inteligencia de la tecnología para cuidar el planeta y reducir las emisiones de carbono. Pero hay muchísimos casos más, tanto en las regiones más desarrolladas, como también entre los países emergentes, cuyas ciudades han empezado a tomar conciencia de la importancia que tiene este camino transformador.

Alianzas globales: uniendo ciudades

Sin embargo, el desafío del cambio climático y la gestión urbana sostenible trasciende fronteras y requiere una colaboración global.

Reconociendo esta necesidad, han surgido diversas entidades internacionales que reúnen a ciudades de todo el mundo, que facilitan el intercambio de conocimientos, recursos y mejores prácticas en la búsqueda de soluciones sostenibles e inteligentes.

Estas organizaciones no solo amplifican los esfuerzos individuales de las ciudades, sino que también crean una plataforma para una acción colectiva más potente y coordinada

C40, por ejemplo, es una red global de casi 100 alcaldes de todo el mundo que están unidos en acciones conjuntas para frenar la crisis climática del planeta.

Smart Cities Council es otra organización, sin fines de lucro, cuya misión es ayudar a las ciudades a convertirse en más eficientes, sostenibles y habitables mediante la implementación de tecnologías innovadoras y prácticas de gestión urbana.

La Organización Mundial de Ciudades Inteligentes y Sostenibles (WeGO), creada en 2010, agrupa a ciudades, organizaciones y empresas para promover el desarrollo de ciudades inteligentes y sostenibles.

Global Covenant of Mayors for Climate & Energy, es una coalición de ciudades comprometidas con la lucha contra el cambio climático. La iniciativa busca fortalecer el liderazgo local y facilitar el intercambio de mejores prácticas en sostenibilidad y reducción de emisiones.

Por último, Gobiernos Locales por la Sostenibilidad (ICLEI), es una red global conformada por más de 2.500 ciudades y gobiernos locales comprometidos con el desarrollo sostenible.

Nuevas fronteras urbanas

Mientras que estas ciudades establecidas están transformando su infraestructura existente, algunos países han decidido ir un paso más allá, creando laboratorios urbanos a gran escala: ciudades inteligentes diseñadas desde cero.

Songdo, en Corea del Sur, es uno de los mejores ejemplos: una ciudad construida sobre terreno ganado al mar, diseñada con redes de sensores que optimizan el uso de recursos en cada rincón, desde el tráfico hasta la recolección de residuos. Con un enfoque en la sostenibilidad, Songdo incluye espacios verdes y sistemas de transporte público eficientes, además de ser un modelo de planificación urbana inteligente.

Masdar City, en Emiratos Árabes Unidos, fue concebida como un experimento en energía limpia, funcionando casi en su totalidad con energía solar y otras fuentes renovables. Cuenta con vehículos autónomos y edificios diseñados para maximizar la eficiencia energética, utilizando materiales sostenibles y sistemas de refrigeración natural. La ciudad también alberga el Instituto Masdar de Ciencia y Tecnología, que promueve la investigación y el desarrollo en energías renovables.

En Arabia Saudita, el proyecto de Neom promete una ciudad futurista alimentada completamente por energías renovables, con un diseño urbano basado en la inteligencia artificial y la sostenibilidad. Esta iniciativa ambiciosa contempla la creación de espacios de vida interconectados y una infraestructura avanzada que integrará tecnologías emergentes, como la robótica y el Internet de las Cosas (IoT), para mejorar la calidad de vida de sus habitantes.

Por último, el proyecto Fujisawa SST en Japón es un barrio experimental que integra principios de sostenibilidad y tecnología en su diseño. Este desarrollo se enfoca en la creación de un entorno urbano donde se prioriza la vida comunitaria y el uso de energías renovables. Fujisawa SST cuenta con viviendas inteligentes que optimizan el consumo de energía, sistemas de movilidad sostenibles y áreas verdes que fomentan la biodiversidad.

Un sendero lleno de retos

En la carrera hacia las ciudades del futuro, las smart cities se perfilan como la evolución natural de nuestros centros urbanos. Sin embargo, este salto tecnológico no está exento de complicaciones que requieren una atención urgente para garantizar un desarrollo sostenible y equitativo.

Uno de los pilares fundamentales de estas urbes inteligentes es la conectividad permanente. No obstante, la realidad dista mucho de este ideal. Según cifras de la Unión Internacional de Telecomunicaciones, un tercio de la población mundial -aproximadamente 2.600 millones de personas- permanece desconectada del mundo digital.

Esta brecha tecnológica, alimentada por desigualdades económicas y falta de infraestructura, amenaza con dejar rezagados a millones en la evolución hacia ciudades más inteligentes si no se toman medidas urgentes para reducirla.

El manejo de datos masivos, otro componente crucial de las smart cities, se encuentra en una encrucijada ética y letal. Si bien la recolección y análisis de información a gran escala prometen optimizar servicios y mejorar la toma de decisiones, también despiertan preocupaciones sobre la privacidad de los ciudadanos.

El desafío radica en establecer marcos regulatorios que protejan los derechos individuales, sin frenar la innovación tecnológica, un equilibrio delicado que muchas ciudades aún luchan por alcanzar.

Apostar por la inteligencia

Pese a estos obstáculos, las perspectivas son alentadoras. El futuro de nuestras ciudades se dibuja en la intersección entre la innovación tecnológica y la conciencia ambiental. Las smart cities no son solo un sueño futurista, sino una necesidad urgente en un mundo que enfrenta desafíos sin precedentes.

Imaginen una metrópolis donde los semáforos inteligentes no solo optimicen el tráfico, sino que también reduzcan la contaminación; donde los edificios no solo sean eficientes energéticamente, sino que también generen su propia energía limpia; donde los datos no solo mejoren los servicios públicos, sino que también impulsen decisiones que protejan nuestros ecosistemas urbanos.

Este no es un futuro lejano, es el mañana que estamos construyendo hoy. Cada decisión que tomamos, cada innovación que adoptamos, nos acerca a estas ciudades del futuro o nos aleja de ellas. La tecnología nos brinda las herramientas, pero es nuestra responsabilidad utilizarlas sabiamente.

El reto es monumental, y el premio es nada menos que la supervivencia y prosperidad de nuestra civilización urbana.