
Cibercrimen al acecho: cómo las Empresas pueden protegerse
En un contexto donde los ciberataques se multiplican, las empresas enfrentan la urgente necesidad de reforzar su ciberseguridad. Cuáles son las las tácticas más comunes de los delincuentes digitales y cuáles las estrategias clave que tienen las organizaciones para protegerse ante el creciente riesgo de cibercrimen.En tan solo un instante, un clic en el lugar equivocado puede desencadenar una tormenta digital que arrase con años de trabajo duro. Los ciberataques no discriminan: desde una pequeña tienda hasta una multinacional, todas las empresas de todas las industrias pueden sufrirlos.
Los números son preocupantes: de acuerdo a una reciente investigación elaborada la compañía Fortinet, el 87% de las empresas consultadas manifestó haber experimentado una o más violaciones a su seguridad durante el año 2023.
El Foro Económico Mundial, en su Informe sobre Riesgos Globales 2024, incluyó a la ciberdelincuencia entre las cinco principales amenazas que deberá afrontar el mundo durante este año.
El proceso de digitalización que atraviesan la mayoría de las empresas de todo el mundo está provocando un aumento sustancial de los ciberdelitos.
¿Por qué? Porque si bien la transformación digital ha permitido a las organizaciones optimizar procesos y reducir costos de manera significativa, también ha generado nuevas vulnerabilidades.
Los ciberdelincuentes han aprovechado el potencial de tecnologías como la inteligencia artificial y el aprendizaje automático para optimizar las tácticas y las técnicas de sus ataques informáticos.
Asimismo, la expansión del trabajo remoto ha ampliado considerablemente las zonas de riesgo, proporcionando a los delincuentes digitales una mayor superficie para atacar tanto a empresas como a individuos.
Un reciente estudio de la compañía Cybesecurity Ventures ayuda a entender la dimensión alcanzada por esta problemática.
Según el mencionado reporte, el ciberdelito le costará al mundo 9.500 millones de dólares en 2024, con un dato adicional: si se midiera como país, entonces el cibercrimen sería la tercera economía más grande del mundo después de Estados Unidos y China.
Modus Operandi más comunes
Los ciberdelincuentes acechan a las empresas con un arsenal digital que está en constante evolución.
El phishing es una de tácticas más utilizadas: los atacantes lanzan un "anzuelo" digital, generalmente en forma de correos electrónicos, mensajes de texto o sitios web fraudulentos que imitan a entidades legítimas y confiables.
Estos señuelos tienen el objetivo de persuadir a la víctima para que revele datos personales como contraseñas, números de tarjetas de crédito o información bancaria.
Los ataques de phishing pueden variar en sofisticación, desde correos masivos genéricos hasta estrategias personalizadas conocidas como "spear phishing", dirigidas a individuos o empresas específicas. El éxito de estos ataques radica en explotar la psicología humana, jugando con emociones como el miedo, la curiosidad o la urgencia, para inducir a las víctimas a actuar sin pensar.
El malware (abreviatura de “software malicioso”) es otra de las estrategias muy utilizadas por la ciberdelincuencia: engloba a diversos tipos de programas diseñados para infiltrarse en los sistemas informáticos con el propósito de causar daño, robar información, interrumpir operaciones u obtener accesos no autorizados a redes y dispositivos.
Los métodos de distribución del malware son variados e incluyen correos electrónicos infectados, descargas de software falso, sitios web comprometidos y dispositivos USB infectados. La sofisticación del malware moderno hace que a menudo sea difícil de detectar y eliminar, porque utiliza técnicas de ofuscación y evasión para eludir los sistemas de seguridad.
El malware puede manifestarse en múltiples formas, como ransonware, virus, troyanos, gusanos, adware, rootkits, keyloggers y spyware.
Entre todos ellos, el ransonware es el más utilizado para extorsionar y quitarle dinero a las víctimas. Funciona cifrando los archivos del usuario o bloqueando el acceso al sistema, y luego exige un rescate, generalmente en criptomonedas como Bitcoin, para proporcionar la clave de descifrado o desbloquear el sistema.
Esta modalidad es una de las que mayor preocupación genera en las organizaciones: según una investigación de la compañía Sophos, en el 70% de los ataques de ransomware contra empresas, los ciberdelincuentes lograron cifrar los datos. Es decir, utilizando técnicas de criptografía, los atacantes convierten los datos de la empresa en un formato ilegible para cualquier persona que no tenga la clave de descifrado adecuada.
Este cifrado impide que la empresa acceda a su propia información y puede paralizar sus operaciones hasta que se pague un rescate o se encuentre otra forma de recuperar los datos.
Otro tipo de ataques son los llamados Ataques de Denegación de Servicio Distribuido (DDoS), que tienen como finalidad interrumpir el funcionamiento normal de un sitio web, un servidor u otro recurso en línea.
La ingeniería social, por su parte, se basa en manipular a las personas para que entreguen información confidencial o realicen acciones que comprometen la seguridad. Por ejemplo, cuando el atacante se hace pasar por alguien de confianza para obtener información, o cuando ofrece algo atractivo que contienen malware.
En los ataques de Man-in-the-Middle (MitM), el atacante se inserta en la comunicación entre dos partes sin que estas lo sepan. El objetivo es interceptar, y a veces alterar, la información que se transmite, como la contraseña o los datos bancarios.
Estas son las técnicas de ciberdelincuencia más difundidas, pero hay muchísimas más, todas comparten el mismo objetivo de robar información, cometer fraudes y extorsionar. Por eso es crucial que las empresas estén preparadas.
Estrategia y acción
Ante este panorama, ¿qué acciones deben tomar las organizaciones para hacer frente a los delincuentes virtuales que amenazan la integridad de sus datos y su reputación?
Lo primero que tiene que hacer una empresa es saber dónde se encuentra posicionada, cuál es su punto de partida en materia de ciberseguridad. Para ello, es fundamental hacer un assessment, es decir, evaluar cuál es el estatus de la organización en materia de seguridad informática y cuáles son sus brechas de seguridad.
Asimismo, puede ser de utilidad la realización de un ethical hacking, para detectar cuáles son las vulnerabilidades de la compañía e investigar cómo resolverlas.
Luego, es clave que las empresas diseñen un plan director en materia de ciberseguridad, que les permita establecer una hoja de ruta con las acciones a seguir. En este punto resulta fundamental contar con aliados tecnológicos que tengan experiencia en estrategias de lucha contra el crimen digital.
Una de las acciones más importantes es implementar medidas de seguridad robustas, como firewalls avanzados, antivirus con inteligencia artificial y sistemas de detección de intrusiones. También es esencial mantener todos los sistemas y software actualizados.
Realizar copias de seguridad regulares y almacenarlas en ubicaciones seguras es otra práctica vital para asegurar que los datos puedan ser recuperados en caso de un ataque.
Un aspecto crucial en la política de seguridad de una organización es la capacitación continua del personal, porque en general son los empleados los que permiten -con o sin intención, que un ataque se filtre dentro de una empresa. Cuantas más herramientas tenga el empleado para defenderse de la delincuencia digital, más seguridad habrá dentro de la organización.
Por último, contar con un plan de respuesta a incidentes bien definido y probado regularmente, permite a las organizaciones reaccionar rápidamente y mitigar los daños en caso de una brecha de seguridad.
Todas estas acciones combinadas pueden ayudar a las empresas a fortalecer su postura de ciberseguridad y reducir el riesgo de ser víctimas de ataques.
La seguridad como estandarte
En un mundo cada vez más digital, la ciberseguridad se ha convertido en una prioridad ineludible para las empresas de todos los sectores.
Las amenazas son constantes y evolucionan rápidamente, lo que obliga a las organizaciones a mantenerse un paso adelante de los ciberdelincuentes.
Sin embargo, esta batalla no puede librarse en solitario. Es crucial reconocer que la lucha contra el cibercrimen requiere un enfoque colaborativo entre el sector privado y el público. Las empresas deben trabajar mano a mano con los gobiernos para desarrollar marcos regulatorios robustos, compartir inteligencia sobre amenazas y fomentar la innovación en ciberseguridad.
Para las empresas, es la hora de actuar. La inacción ya no es una alternativa. Invertir en tecnología avanzada, formar a los empleados y desarrollar planes de respuesta sólidos son acciones cruciales para proteger no solo los datos sensibles, sino también la reputación y la continuidad operativa de las organizaciones.
Al final del día, la ciberseguridad no es solo un problema tecnológico, sino una responsabilidad compartida que requiere la colaboración y el compromiso de todos. Solo así podremos construir un entorno digital más seguro y resiliente para el futuro.




